jueves, 24 de septiembre de 2015
CAPITULO 14 (primera parte)
Un letrero en la ventana de la oficina decía que el aeropuerto privado no sería atendido hasta más tarde esa mañana, pero la puerta estaría abierta así la gente podría usar el baño.
Paula se encerró en el único cubículo para poner sus pensamientos en orden antes de enfrentarse a Pedro. Una vez más.
Bebió un poco del agua helada del grifo para despejar su cabeza y regresó a la pequeña sala justo cuando él dejaba que la puerta se cerrase detrás suyo, con sus anchos hombros y su más de metro ochenta bloqueando efectivamente toda la luz solar. Parecía que no había conseguido dormir mucho más que ella, y aún así, era tan hermoso que Paula perdió el aliento solo de mirarlo.
—Eres un pirómano.
Pedro no se molestó en negar la verdad.
—Solía serlo. Hace mucho tiempo. Pero ya no soy ese chico.
Él no podía pensar que iba a salirse de esto tan fácilmente, no podía creer que su encantadora buena apariencia le haría decir: Oh, está bien, no importa.
—Yo podría haberte creído ayer cuando te pregunté a bocajarro por qué fuiste a vivir con Jose. Pero ahora me has obligado a reexaminar las cosas. A preguntarme por qué estabas escondiendo algo tan importante de un investigador de incendios. A considerar si eres o no culpable, después de todo.
—Mira —le dijo— solía encender fuegos. Era un estúpido adolescente que no tenía ni idea.
Incluso mientras él trataba de alejarse de la extremadamente condenatoria evidencia en su contra, su beso todavía estaba impreso en sus labios. Aún podía olerlo. Saborearlo.
¡Maldito sea por tener ese poder sobre mí!
—¿Por qué debería creerte? Todo lo que sé es que te vieron apagando dos fuegos cerca del punto de ignición, y que solías encender fuegos por diversión.
—Puedo ver cómo podrías llegar a esa conclusión. Pero esta vez, no tiene sentido. Me preguntaste por mi pasado ayer.
Bueno, aquí está: yo encendía fuegos cuando era un muchacho porque mi padre era un imbécil y me hacía sentir poderoso. No hacia fuegos que podrían destruir cosas, que podrían salirse de control y matar gente. Yo era un niño de mierda. Eso es todo lo que era. Lo juro por Dios, Paula, mi pasado no tiene nada que ver con estos incendios.
Era increíblemente difícil aferrarse a sus dudas de cara a su sinceridad.
—¿Cómo puedo estar absolutamente segura que realmente está todo en el pasado?
Ella rememoró su entrevista con Jose la tarde anterior, cómo de triste debería ser para Pedro ver a un hombre otrora fuerte desvanecerse.
—Jose te recogió durante un tiempo difícil en tu vida. Fue bueno para ti, él te trató como a un hijo más, y ahora su salud está fallando. Debe ser muy duro para ti tratar con eso. No serías la primera persona en actuar por dolor. —Ella tomó una respiración profunda—. Como yo. Contigo. Cuando Antonio murió. No serías la primera persona que lo jodió en el calor del momento. O la última.
—Por supuesto que estoy preocupado por Jose —coincidió Pedro—. Quiero llevarlo a un médico. Quiero que viva conmigo así puedo vigilarlo. Quiero contratar un equipo de limpieza para que lave su ropa y vacíe su fregadero y se asegure de que él come. Pero hay una gran diferencia entre hacerlo con una extraña y provocar incendios.
—¿En serio?
Su voz tembló en la pregunta mientras ella pensaba en ese día en el bar, cuando había parecido que todo su mundo se derrumbaba a su alrededor.
—¿Estás seguro que la hay? —se encontró preguntando.
Él se acercó más.
—Todo está ligado a tu hermano, ¿no? Este caso. Que yo sea un bombero. Estar aquí en Lago Tahoe.
Ella instintivamente tiró de su bolso hacia su pecho como un escudo. ¿Por qué siempre tenía que ir al lugar que más dolía?
—No. El caso de Antonio es totalmente independiente de éste. Yo sé lo que estoy haciendo.
Por lo menos solía saberlo. Antes de que todo se pusiera tan condenadamente complicado. Lo cual era la razón por la que tenía que centrarse en los hechos que estaban a la vista. Y no en la forma en que su libido se disparaba cada vez que él llegaba a un metro de distancia.
—El hecho es que la piromanía es un gran golpe en su contra, señor Alfonso.
Él se acercó de nuevo y ella sintió su garganta moverse mientras tragaba, vio sus ojos captar su nerviosa reacción ante su cercanía.
—En este momento no hay nada que me conecte al fuego más que especulación. Y ambos sabemos que la especulación no se puede sostener en el tribunal.
Estaba en lo cierto. Y ella odiaba, junto con su comodidad a su alrededor, el hecho de que no estaba burlándose de ella de ninguna manera, ni siquiera atacándola por ir tras él.
—Algunos casos se unen más rápido que otros —dijo ella, fingiendo la tranquilidad que sin duda no sentía— no voy a renunciar.
—Sé que no lo harás, Paula —dijo él con la misma voz que habría utilizado para convencer a un gatito asustado de salir de un árbol— ¿no lo ves? Estamos en el mismo equipo. Quiero encontrar al pirómano. Quiero asegurarme que paga por lo que ha hecho, por arrastrar mi nombre por el lodo y a mis hombres con ello.
Su lógica ineludible combinada con la sensual fuerza de sus brillantes ojos azules, sus dientes blancos contra la piel bronceada, fue suficiente para romperla, para conseguir que estuviera de acuerdo con cualquier cosa que él deseara.
Había tenido una vida practicando sus líneas encantadoras sobre mujeres inocentes que caían por la magnífica imagen que presentaba.
—Conozco el desierto Desolation como la palma de mi mano. Puedo ayudarte a encontrar al verdadero pirómano.
Maldita sea, odiaba que él estuviera teniendo sentido. Aún más, odiaba lo tentadora que era su oferta. La oportunidad de estar cerca de él tiró de sus entrañas. A pesar que acababa de admitir haber sido un pirómano. Ella estaba loca incluso por considerar su oferta.
El móvil de él sonó y su primer pensamiento fue que había sido salvada por la campana.
—¿Robbie? ¿Qué ha pasado?
Ella estaba a mitad de camino hacia la puerta cuando la angustia en la voz de Logan la detuvo en mitad de un paso.
Un torrente de palabras se hizo eco en la pequeña habitación, y cuando su rostro perdió todo el color debajo de su bronceada piel escalofríos corrieron por su columna vertebral.
Un bombero reaccionaba así sólo cuando algo malo le había pasado a uno de sus hombres. Algo muy, muy malo. Y Paula sabía mejor que nadie cuán mortales podían ser los incendios.
—¿Una explosión? ¿Gasolina? ¿Estás seguro? Me dirijo al hospital ahora mismo. —Pedro se empujó pasando junto a ella y salió por la puerta.
El estómago de Paula se retorció. Una explosión alimentada por gasolina no sonaba como otro estallido. Sonaba como un incendio provocado en el peor de los casos. Y basada en nada más que la reacción horrorizada de Pedro ante la noticia, sabía que él no era responsable.
Corrió y llegó a su camioneta justo cuando estaba encendiendo el motor. Ella abrió la puerta lateral, apenas saltando en el asiento del pasajero antes de que él golpeara su pie en el pedal del acelerador.
—¿Qué pasó? ¿Ha habido otro accidente?
Un músculo saltó en su mandíbula y ella sabía que si estuviera en sus zapatos, se detendría en el arcén de la autopista y lo patearía fuera por la puerta del pasajero.
—Sé que no confías en mí, Pedro, pero creo que tenías razón cuando dijiste que la única manera en que podemos capturar al pirómano es si nosotros sabemos todo.
Él no apartó la vista de la carretera ante su uso deliberado de la palabra “nosotros”, aparentemente no reaccionaría ante ella usando su nombre de pila por primera vez, pero sabía que él la había oído.
—Aceptaré tu oferta.
—No jodas conmigo, Paula. Ahora no.
Podía entender su necesidad de arremeter contra alguien, cualquiera. Él acababa de descubrir terribles noticias acerca de uno de sus hombres. Ella había hecho de su misión un dolor en el culo de él, y era la única persona a corta distancia, por lo que era perfectamente razonable que desquitara su dolor con ella. Sin embargo, una explosión que había lastimado a uno de sus hombres lo cambiaba todo.
Esto ya no era el mismo caso que ella había abierto la tarde del viernes. El inicial incendio forestal en el desierto Desolation parecía bastante rutinario. Pero con el incendio en su motel y esta explosión, estaba segura de que ellos se enfrentaban a un peligroso pirómano en serie. Una vez más se preguntó acerca de la extraña voz en la línea de denuncia. ¿Había querido alguien herir a Pedro enmarcándolo como un pirómano?
—Si alguien está desencadenando explosiones para herir a tus hombres, podría ser la misma persona que encendió las llamas en mi habitación del motel.
Ella haría lo que tuviera que hacer para atrapar a este pirómano. Incluso si eso significaba asociarse con un ex pirómano cuya sola presencia hacía estragos en sus entrañas.
—Pedro, necesito tu ayuda antes de que lastime a alguien más. Necesito saber lo que pasó.
Apenas había terminado su súplica cuando Pedro frenó de golpe ante un semáforo en rojo. El aire se precipitó fuera de sus pulmones cuando fue arrojada hacia el parabrisas, su cinturón de seguridad bloqueándola en su lugar justo a tiempo.
—Jesús, no debería estar conduciendo así de rápido. ¿Estás bien?
—Sí. No te preocupes. Sólo dime lo que ha pasado. Por favor.
—Anoche el fuego cambió de dirección hacia un segundo desarrollo habitacional.
Podía oír el dolor en el timbre de su cruda voz y cuando no dio detalles, lo empujó para continuar.
—Teniendo en cuenta lo que he visto desde el helicóptero, no se veía como que el fuego había tocado ninguna de las casas todavía. ¿Ha cambiado eso?
—No. Todavía no.
Esperó en silencio, tan pacientemente como pudo, a que continuara. Sabía lo que era necesitar algo de tiempo para procesar la información, para tratar de resolverlo todo en tu propia cabeza antes que se lo dijeras a alguien. Era, precisamente, el por qué ella no había hablado con nadie acerca de Antonio desde su muerte.
De repente se dio cuenta que, por extraño que fuera, Pedro sabía más acerca de cómo se sentía ella que nadie. Por alguna razón, se había sentido cómodo hablar con él acerca de Antonio. ¿Era simplemente porque era un bombero? ¿O había algo más allí que no quería ver?
La voz de Pedro la trajo de vuelta a la situación actual.
—Gabriel pensó que le estaba dando a Robbie uno de los puestos de trabajo más seguros. Robbie es joven.
Demasiado verde para estar en el centro del fuego. Él estaba encendiendo un contrafuego a cuatrocientos metros de la línea de propiedad. Es de libro de texto. —Su boca se apretó con ira—. Cualquiera que conozca el comportamiento de los incendios forestales lo habría encendido allí. No hay forma que esta explosión pudiese haber sido un accidente.
—¿Alguien ha comprobado las muestras siquiera para asegurarse que es gasolina?
Dennis y el fuerte olor a gasolina fresca en su mano vinieron inmediatamente a la mente. ¿Podría haber estado involucrado en la explosión de alguna manera?
—Robbie no estaría en la sala de quemados luchando por su vida si algún hijo de puta no hubiera ido por ahí y rociado toda la zona. Él no tenía ninguna maldita posibilidad. La hierba estalló en su cara. Gabriel dijo que fue cubierto en llamas, de la cabeza a los pies, y estaba inconsciente en el momento en que alguien pudo sofocar las llamas y llegar a él.
La voz de Pedro no se rompió, su armadura no se derrumbó, y eso fue lo que más llegó a Paula. Era su trabajo mantenerse entero, incluso en el peor de los casos, cuando los hombres que amaba estaban muriendo.
—Es un maldito novato. Un gran chico con una bonita novia en la ciudad.
—Yo habría dado mi vida por la de mi hermano —dijo ella con suavidad, a sabiendas de que Pedro tenía que sentirse de la misma manera, que creía que él personalmente le había fallado a Robbie por no estar a su lado para alejarlo de las llamas.
Nadie debería pasar por ese tipo de dolor solo.
—Descubriremos quién le hizo esto. Te lo prometo. —Pedro patinó en el estacionamiento del hospital, luego saltó fuera de la camioneta. Ella corrió a través de las puertas correderas de cristal a un paso detrás de él.
Por enésima vez, Paula se cuestionó seriamente la culpabilidad de Pedro. No había manera de que pudiera haber vertido gasolina sobre la hierba seca en medio de la noche, sabiendo que uno de sus hombres podría arder en llamas. Esta explosión era el golpe de un pirómano psicótico al que no le importaba a quien lastimara.
En cinco años de involucrarse en investigaciones, Paula nunca había oído el tictac del reloj tan fuerte, o tan rápidamente. Ella estaba enfrentándose a una seria amenaza. Todos lo estaban.
Pedro empujó a través de una puerta acristalada, y cuando ella vio lo que le había sucedido a Robbie, sus arremolinados pensamientos se detuvieron en seco.
Dios mío.
Las lágrimas llenaron sus ojos y le tomó hasta la última gota de voluntad permanecer de pie. Los recuerdos inundaron su sistema, elevándose desde las baldosas del suelo de linóleo a través de sus pies, apuntando a su corazón, tratando de quebrarla, como la habían roto antes.
Robbie yacía en la cama del hospital, conectado a un sistema de soporte vital, envuelto de pies a cabeza en una gasa blanca. Cuando despierte, si despertaba,
él sufriría más dolor de lo que alguien debería tener que vivir.
Una bonita chica rubia que había estado llorando al lado de Robbie corrió a los brazos de Pedro, y él la abrazó con fuerza mientras sollozaba en su contra. Cuando la chica finalmente salió de su reconfortante abrazo unos minutos más tarde, Paula podría haber jurado que ella había tomado algo de la fuerza de Pedro consigo.
La chica salió de la habitación aturdida, secándose las lágrimas con el dorso de su mano. Paula observó a Pedro arrodillarse en el suelo junto a Robbie, su cabeza inclinada hacia abajo al costado de una mano vendada. No sabía si estaba rezando o simplemente ocultando sus lágrimas.
Ella había pasado un infierno con su hermano, y todavía no sabía absolutamente nada sobre cómo tratar con ello.
Parpadeó y se limpió las lágrimas escapando de sus pestañas. Cuando el edificio se había derrumbado en torno a Antonio y su cuerpo había sido clavado debajo de una gruesa viga del techo, los otros bomberos no habían sido capaces de sacarlo. El calor de las llamas había destruido todo. Incluso sus huesos habían sido reducidos a cenizas.
Ella había estado muy enfadada por tanto tiempo porque ni siquiera se le diera la oportunidad de decirle adiós en un hospital.
Pero ahora que veía a Robbie rodeado de máquinas, se preguntó si Antonio había sido el afortunado. Con toda probabilidad, su hermano había muerto en el impacto.
Mientras que el dolor sería el constante compañero de Robbie por los próximos años... si sobrevivía.
Ella se apartó de la ventana y se secó los ojos. No podía permitir que su dolor hace tiempo enterrado, o su nueva contraparte, enturbiaran su pensamiento. Ella tenía que estar centrada en la investigación. Pero le tomó un buen rato recordar dónde había estado cuando Pedro escuchó las noticias sobre Robbie. Ella había estado parada en la oficina en el aeropuerto interrogando a Pedro y preguntándose sobre los motivos de Dennis.
Con la intención de averiguar más acerca de Dennis, se dirigió al puesto de enfermeras.
—Esto va a sonar como una extraña petición, pero realmente tengo que estar en línea para buscar algo. ¿Puedo usar uno de los ordenadores por treinta segundos?
Las dos enfermeras sentadas detrás del mostrador, fruncieron el ceño.
—Lo lamento, señora —dijo una de ellas— pero me temo que no podemos permitirle hacer eso.
Paula se tragó un gruñido de frustración. Ella no estaba simplemente queriendo revisar su correo electrónico para ver si un novio inexistente le había enviado una nota. Pero ellas no conocían la gravedad de la situación. De alguna manera, tenía que caminar la delgada línea entre la confidencialidad y la divulgación.
—Soy investigadora de incendios provocados —dijo en voz baja— y necesito desesperadamente imprimir un documento respecto al bombero HotShot que acaba de ingresar. Es una pista vital en mi búsqueda de la persona que le hizo esto.
Una de las enfermeras se inclinó hacia delante y miró a ambos lados del pasillo vacío.
—Puedes usar mi ordenador. Pero date prisa, cariño. No quiero que nadie te vea.
Maya se coló por la puerta de vaivén y tomó la silla de oficina de la mujer.
—Elena, podrías ser despedida por hacer esto —susurró la otra enfermera.
Maya rápidamente sacó una verificación de antecedentes del gobierno sobre Dennis Kellerman mientras Elena le respondía a su compañera de trabajo con un resoplido.
—Tú la oíste. Ella necesita atrapar a un pirómano. No quiero ver a otro muchacho ingresar aquí con quemaduras de tercer grado en el ochenta por ciento de su cuerpo.
Paula se estremeció. Ochenta por ciento. Dios mío, había sabido de personas que se habían recuperado de quemaduras de tercer grado en un brazo, y su dolor había sido insoportable. Su corazón se rompió de nuevo ante el pensamiento de lo que Robbie pasaría si se las arreglaba para transitar a través de la conmoción física inicial.
Con manos temblorosas, imprimió el documento y cerró sesión.
—Gracias —le dijo a Elena mientras recuperaba las páginas de la impresora.
—No, cariño, gracias a ti. —Ella le dio unas palmaditas en el hombro a Paula—. Ahora ve a buscar a la gente mala y enciérrala. Estamos contando contigo.
Sintiendo el peso de las expectativas sobre sus hombros, las propias más grandes que todas, Paula leyó rápidamente a través del corto archivo de Dennis. Ella sintió a Pedro antes de verlo, y cuando levantó la vista él estaba asomado alto y peligroso por encima de su hombro antes de que pudiera ocultar el documento.
—¿Dennis? ¿Por qué haces una búsqueda de antecedentes sobre él?
La confidencialidad era fundamental. Ella no debería decirle nada a Pedro, nunca debería haber dejado que uno de sus sospechosos viera una copia de la verificación de antecedentes de otro sospechoso, incluso si ella había sugerido que compartieran información. Se sentía como si su propia espalda estuviera contra la pared.
—Tengo que desconfiar de todo el mundo, Pedro. Es la única manera en que voy a averiguar quién inició estos incendios.
—No hay nada sobre Dennis. Él es tan inocente como un bebé. Jesús, Paula, cuanto más tiempo nos lleve encontrar al verdadero pirómano, más gente va a salir lastimada. —Ella leyó el dolor y la ira en su rostro y sintió como si fueran suyos—. Un muchacho ya está medio muerto en una cama de hospital. No podemos esperar a que otro de mis hombres termine cubierto de vendas.
Ella puso su mano sobre su brazo, luego lo arrastró lejos ante la oleada de calor entre ellos.
—Ninguno de nosotros quiere eso, Pedro. Y si estoy equivocada sobre tu hermano adoptivo, retrocederé. Pero si descubro que hay algo allí, tengo que hacer mi trabajo y buscar en ello.
Él estaba parado en el pasillo del hospital viéndola, sus hombros tan amplios que casi parecían que iban a chocar contra las paredes de color verde pálido.
—Dime por qué de repente Dennis está en tu lista.
Hace una hora, ella no habría siquiera considerado dejar a Pedro entrar en su investigación, pero después de haberlo visto con Robbie, estaba absolutamente segura de que no había puesto en marcha esta explosión. Verlo junto a la cama de Robbie hizo su decisión por ella: trabajarían juntos para investigar este nuevo incendio, y a lo largo del camino ella esperaba obtener algunas respuestas con respecto al incendio forestal inicial.
—Olí gasolina en sus manos.
—Es un piloto de helicópteros. Probablemente acababa de llenar el tanque antes de tu vuelo.
—Tal vez. —Paula notó que las enfermeras estaban pendientes de cada palabra. Eso, o babeando sobre Pedro. Probablemente ambas cosas—. Salgamos a la calle, donde podemos hablar en privado. —Salieron a una entrada cubierta—. He estado pensando en algunas de las cosas que Dennis me dijo durante nuestro vuelo. Cosas que me contó sobre ti.
Cuando Pedro no respondió, le preguntó:
—¿No quieres saber lo que dijo?
—No.
—Dame el gusto, ¿de acuerdo? ¿Dirías que tú y Dennis tienen una buena relación?
—Sí.
—¿Está tu relación con Dennis tirante de alguna manera?
—No.
—¿Tendría él alguna razón para incriminarte?
De repente, él era el rey de las respuestas de una sola palabra, y ella se sentía mal por todas las mujeres con las que alguna vez había salido, en especial las que habían querido hablar las cosas.
—Bien, entonces, ¿me explicas por qué le contó a una total desconocida toda la obra en la que estabas cuando te mudaste con él y Jose?
Pedro se encogió de hombros.
—Nosotros éramos adolescentes. Probablemente salí con alguna chica que le gustaba.
Ella lo pensó, pensó en todo lo que Dennis le había dicho.
—No lo creo. Él no dijo nada acerca de que le quitaras una novia. Era todo sobre tu padre, acerca de cómo tu llegaste a ser el niño de oro. En lugar de él. La gente comienza incendios porque está enfadada. O triste. O herida. Encienden fuegos porque quieren que las personas los noten. Ellos dañan a las personas porque están celosos. —Paula perdió el tenue control que tenía sobre su paciencia—. Si quieres limpiar tu nombre y volver a salir a la montaña, deberías estar feliz porque estoy siguiendo otra pista.
—Tienes razón. Tengo que estar en la montaña con mis hombres. Pero no voy a vender a mi hermano adoptivo. Tiene que haber otra manera de hacer esto.
—Yo ya tengo una —dijo, sabiendo que no iba a estar mucho más feliz con su próximo movimiento de lo que estaba sobre que investigara a su hermano adoptivo—. Los dos sabemos que la gasolina no es combustible al aire libre, incluso si alguien la enciende con fuego. No sin algo más añadido a la misma. Lo que significa que necesito me lleves al sitio de la explosión y me prestes alguna asistencia así puedo obtener una muestra antes que el fuego devore toda la evidencia.
Él la miró como si estuviera loca.
Tal vez lo estaba. Pero no daría marcha atrás.
CAPITULO 13 (primera parte)
Había sido otra larga noche en el bosque. Pedro se restregó una mano por los ojos, obligando a los últimos vestigios de cansancio a retroceder. El fuego estaba extendiéndose rápido. Pronto comenzaría a cobrar vidas.
Había recorrido los senderos, uno tras otro conforme se separaban unos de otros como dedos de la palma de una mano. Afortunadamente, no había encontrado ningún punto caliente esta vez, no había tenido que enterrar las brasas.
Pero no podía seguir haciendo esto cada día, no podía resistir la incesante paz por mucho más tiempo.
Había tomado unas pocas horas de sueño antes que el sol hubiera salido y había llamado a Dennis para advertirle sobre la investigación. Pero había sido demasiado tarde, en un nauseabundo giro de la suerte Paula ya estaba en el helicóptero de Dennis. Buscando oro.
Ella había tenido que exprimir la información de Jose, pero Pedro no estaba tan seguro sobre Dennis. Desde que él se había convertido en un bombero HotShot, su relación había estado un poco tensa. Era casi como si Dennis pensara que Logan se había unido solo para besarle el culo a Jose.
Pedro había dejado de intentar hablarle como amigos hacia bastante tiempo. A veces las cosas iban bien entre ellos, a veces no lo hacían. Dennis podía ser hipersensible, y aunque las conversaciones siempre comenzaban amigablemente, algún inocuo comentario a menudo fastidiaba las cosas.
Había descubierto demasiado pronto qué tipo de día era este.
Observó el helicóptero dirigirse de regreso hacia la zona de aterrizaje desde atrás del volante de su camioneta hasta que vio a la novia de Dennis entrar en el aparcamiento.
Jenny era una alta pelirroja de piernas largas que automáticamente hacía que la cabeza de un chico se girara para averiguar si sus tetas eras reales o falsas. Pero no era de su tipo, y no sólo porque la mayor parte de los chicos en el pueblo ya hubieran tenido un paseo.
Hacía diez años, casi había sido seducido por sus largas piernas y grandes ojos verdes. Pero después de haber descubierto que ella casi lo había hecho con la mitad de los chicos del grupo, la había dejado pasar antes de que las cosas se le fueran de las manos. Y para cuando Dennis había comenzado a salir con ella a comienzos de este año, se imaginó que lo que paso con ella eran viejas noticias, así que mantuvo la boca cerrada, y le deseó lo mejor a su amigo, incluso aunque ella todavía hacia frecuentemente algún movimiento hacia él cuando estaba borracha.
Francamente, no era la primera mujer comprometida que se le echaba encima, por lo que no quería interpretar nada en ello.
—Eh, Pedro. —Ella salió de su camioneta—. Acabo de oír lo de tu suspensión. No puedo creer que te acusen de provocar este fuego.
—Las noticas vuelan, ¿verdad? —Justo como había pensado anoche, no hay nada tan jugoso como un héroe caído.
Ella puso la mano en su brazo.
—¿Cómo lo estás llevando?
Apreció su apoyo, pero no estaba dispuesto a meterse en esto con ella. O con alguien más. Todo lo que importaba era limpiar su nombre, no estar de brazos cruzados lloriqueando por ser falsamente acusado de pirómano.
—Trabajando para limpiar mi nombre así pueden encontrar al verdadero pirómano y yo puedo volver a apagar fuegos.
—Sólo para que lo sepas, nadie piensa que lo hicieras. Y todo el mundo está súper cabreado por el hecho de que te señalaran.
—Gracias —dijo mientras el helicóptero se dirigía hacia ellos— supongo que pronto lo solucionaremos todo.
—Qué situación de mierda —dijo ella, mientras sacudía la cabeza en conmiseración— sé que tienes mucho en la cabeza ahora mismo, pero Dennis y yo iremos a desayunar cuando aterrice. ¿Hay posibilidad de que te unas a nosotros e intentes relajarte un rato?
—Lo dejaré para otra ocasión —dijo— pero me alegra que estés aquí. Tengo que pedirte un favor.
—Lo que sea que necesites, estaré feliz de poder ayudar. Tanto Dennis como yo lo estamos.
—En algún momento del día, ¿podrías echarle un vistazo a Jose? Está un poco lento. Sé que realmente apreciaría algo de ayuda en la cabaña.
—Ningún problema. ¿Qué quieres que haga? ¿Poner la colada? ¿Limpiar?
—Eres adivina —dijo, agradecido de tener una cosa menos de la que preocuparse— gracias.
Ella hizo una mueca.
—Habría ayudado antes, pero sabes cómo es Dennis con su padre. No sé cuál es su problema. Jose es increíble.
Pedro no iba a entrar en eso. El daño entre Dennis y Jose no era asunto suyo. Había pasado años intentando no meterse en medio.
Poco después, el viento y el ruido de los rotores del helicóptero los obligó a retroceder. Pedro estiró el brazo para estabilizar a Jenny, sin soltarle los hombros hasta que las aspas se detuvieron. A través del cristal, podía ver a Paula y a Dennis hablando. De repente, el rostro de Dennis pasó a un desagradable tono rojo y lo siguiente que Pedro supo fue que Paula estaba echando chispas fuera del helicóptero sobre el asfalto. Cuando ella lo vio sus ojos se abrieron por la sorpresa, luego rápidamente se estrecharon.
Apenas tuvo la opción de notar su interesante elección de moda, incluso un pantalón de chándal y una camiseta lucían condenadamente bien en ella, antes que estuviese delante de él. Respirando fuego.
—Tú y yo tenemos que hablar. Ahora.
No esperó a que él estuviera de acuerdo antes de caminar hacia la pequeña oficina al borde del aeródromo. Ella abrió su móvil e, inmediatamente, Pedro se preguntó a quién estaba llamando y por qué. Y en cuántos problemas iba a meterle.
Primero, sin embargo, tenía que averiguar lo que Dennis ya le había dicho.
—La jodí, hombre. —Fueron las primeras palabras que dijo Dennis.
—Oh, mierda. Se lo dijiste.
Las manos de Dennis se extendieron frente a su cuerpo mientras defendía su cagada.
—No sabía quién era ella. No me lo dijo hasta que aterrizamos. Vi el fuego y no tenía bastante cafeína aún y no pude controlar mi boca.
Siempre había excusas con Dennis. Siempre las había habido. Jose y Dennis lo habían acogido cuando no tenía a nadie más y daría su vida por su familia adoptiva, pero eso no significaba que justo en este momento no estuviera cabreado como el infierno.
Jenny miró de uno a otro.
—¿De qué estás hablando, Dennis? ¿Quién es esa mujer? ¿Qué le contaste?
—Ella es investigadora de incendios provocados. Está aquí por el incendio de Desolation. —Dennis parecía a punto de llorar—. No quería traicionarte —le dijo a Pedro— lo juro, hombre.
Jenny miró impotente a Pedro.
—Él no lo sabía todavía. Iba a decírselo cuando aterrizara.
—Ella se giró hacia su novio— Pedro ya ha sido suspendido por el incendio. Es la razón por la que está parado aquí ahora —bajó su voz a un susurro— esa mujer está investigándolo.
Pedro nunca había visto a Dennis más cabreado. O nervioso.
—Oh Jesús, lo siento, Pedro. Tienen que saber que tú no harías nunca nada como eso, ¿verdad?
—¿Qué le contaste sobre mi?
Jenny lanzó una mirada interrogativa a Pedro.
—¿De qué están hablando? ¿Qué porquería tienen entre ustedes? ¿Es algo que pueda meterte en problemas?
Un músculo saltó en la frente de Dennis.
—Juro por Dios que lo que le conté eran cosas estúpidas de niños. Nunca intentaste herir a nadie. Sólo estabas cabreado con todo el mundo. —Un torrente de palabras estaban saliendo de su boca mientras trabajaba en limpiar su conciencia—. Lo siento, hombre. Pero incluso sabiendo esa cosa en la que estabas metido, no hay forma en que ella pueda imputarte este fuego. Todo el mundo sabe que los Bomberos HotShot son hombres santos por aquí. —Dennis miró nerviosamente hacia Jenny—. Además, sería imposible conseguir alguna evidencia buena. Todo está ardiendo. Estás a salvo.
Dennis siempre tuvo la habilidad de decir cosas estúpidas como esa. Una ráfaga de viento les espolvoreó cenizas mientras recordaba que nada de esto era culpa de Dennis.
Dennis no había sido un pirómano, él sí.
—No te preocupes por ello —le dijo a su hermano adoptivo.
Se giró y se dirigió a la oficina para enfrentarse a Paula. Era hora de hacer un serio control de daños.
CAPITULO 12 (primera parte)
La alarma sonó a las seis menos cuarto de la madrugada y le llevó a Paula un buen rato averiguar dónde estaba. Fue a trompicones hacia el cuarto de baño, y cuando vio su camiseta sin mangas de Amo Lago Tahoe en el espejo, todo le llegó de vuelta.
Reconocer a Pedro en la cima de la montaña.
Quedarse sin respiración cada vez que él estaba cerca.
La horrible y amenazadora nota en la habitación quemada del motel.
Hablar sobre Antonio con el jefe de bomberos.
Y lo peor de todo, el beso de Pedro en la playa.
Había estado sola, cansada y asustada, con todas sus defensas bajas cuando él se acercó para el beso. Para la matanza. Y ella se lo había permitido. Realmente dejó que la besara. Porque lo había deseado más que nada en el mundo, incluso pese a saber que se arrepentiría. Y se arrepentía, Dios, cómo se arrepentía de eso. No había sido capaz de apartarlo, no había sido capaz de detenerse a sí misma de estirarse hacia él y tirar de su duro cuerpo contra el de ella.
Afortunadamente, con el nuevo día llegaba la claridad. Y la confianza renovada. Sabía cómo hacer que sus compañeros de trabajo y amigos hablaran, sabía que finalmente encontraría a alguien que estuviera simplemente muriéndose por contar sus secretos. Y entonces podría tomar una decisión cuidadosamente calculada sobre su culpabilidad... o inocencia.
Se dirigió rápidamente hacia la ducha, luego con cuidado se aplicó el maquillaje que mantenía en su bolso. No había dormido bien y necesitaba ocultar las oscuras manchas bajo sus ojos y ponerse presentable para lo que fuera que el día le deparara.
Una camioneta blanca entró en el aparcamiento, con neumáticos de gran tamaño. El conductor bajó la ventanilla y asomó su cabeza. Parecía tener la edad de Pedro y llevaba perilla. Había algo familiar en él, pero no podía adivinar qué era.
—¿Paula Chaves? —le sonrió mientras ella bajaba las escaleras y sacudía su mano— Dennis. Encantado de conocerte —señaló con el pulgar hacia la cafetería— ¿te importa si tomamos una rápida taza de café antes de partir? Una larga noche. Sabes cómo es.
No, no lo sabía. Ella ya no trasnochaba, no quería molestarse actuando como si se estuviera divirtiendo con un tipo cuando simplemente no le importaba. Pero él era el piloto, no ella, así que dijo:
—Por supuesto, me parece bien. —Incluso cuando cada segundo de luz solar que perdía era una oportunidad más para que Pedro la localizara y se pegara a ella como pegamento.
Dennis le sostuvo la puerta abierta y ella entró, esperando pacientemente mientras él pedía dos cafés para llevar.
Realmente no quería uno, sabía que el fuerte brebaje negro sólo le provocaría nauseas en el estómago vacío, pero tomó la taza de todos modos.
La música country sonaba estridentemente desde la radio y salieron del aparcamiento.
—¿Y qué te trae al pueblo?
Siempre que era posible, a Paula le gustaba moverse bajo el radar. Cuanta menos gente supiera lo que estaba haciendo, más hablarían.
—He escuchado a la gente llamar a Lago Tahoe la octava maravilla del mundo. Pensé que podría comprobarlo por mí misma.
—¿Tienes alguna parte del lago a la que te gustaría ir primero?
Ella sacudió su cabeza.
—De hecho, me gustaría ir a las montañas, si no te importa.
Le echó una mirada divertida.
—Es la primera vez que alguien ha pedido eso. Quiero decir, los árboles son una bonita vista y todo eso, pero ¿estás segura que no quieres simplemente pasar sobre el lago en su lugar? Es realmente bonito, especialmente en esta época del año.
—Tal vez más tarde, gracias.
Entraron en el aparcamiento del aeródromo y se detuvieron junto a un helicóptero. Tomó una respiración profunda. Los helicópteros no eran su medio favorito de transporte, especialmente dado que estaba destinado a ser un viaje agitado sobre el fuego mientras calientes bolsas de aire giraban a la pequeña aeronave como una brasa. Como siempre, se sorprendió de lo pequeña que era la aeronave, incluso con espacio para tres pasajeros y un piloto. Mientras subía a bordo, sus codos golpearon contra la puerta. La ventana frontal iba desde el suelo hacia el techo, envolviéndolos desde la cabeza hasta los pies. Se abrochó el cinturón de seguridad y se puso los auriculares que él le tendió.
La radio estaba esperando con un flujo constante de voces organizando equipos para remolcarse dentro y fuera con un cubo de agua tras otro.
—Sabía que había un fuego activo, pero no me di cuenta que era tan grande —comentó Dennis conforme las aspas comenzaban a girar— ¿todavía quieres dirigirte a las montañas? Podría ser difícil ver mucho con todo ese humo.
Ella asintió mientras se elevaban en el aire.
—Estoy segura que será fascinante.
—Caramba —dijo él— parece la madre de los fuegos. En realidad, conozco a la mayoría de los chicos que están abajo.
Ella se movió en su asiento para mirarlo con más cuidado.
—¿Los conoces?
—Síp, mi padre era un bombero HotShot. Ya sabes, uno de esos tipos súper héroes que apagan salvajes fuegos mortales.
Ella asintió y dijo:
—Guau, suena intenso.
¿Había golpeado completamente el premio gordo por accidente? Sólo Dios sabía lo desesperadamente que necesitaba algunas pistas, y en este punto, tomaría cualquier cosa que pudiera obtener, especialmente del hijo de un bombero HotShot local. Tal vez sabría algo sobre Pedro.
—Mi padre estaba seriamente cabreado cuando no seguí sus pasos y me uní al equipo. —Se encogió de hombros—. ¿Qué puedo decir? Luchar contra incendios no es lo mío, incluso si todos en el pueblo piensan que la mierda de esos tipos no apesta. —Le lanzó una sonrisa—. Preferiría llevar turistas guapas en mi helicóptero cualquier día.
Ella se obligó a sonreír en respuesta, incluso aunque estuvo ligeramente intimidada por su cumplido. La verdad era que las habilidades de pilotaje de Dennis eran muy demandadas por el Servicio Forestal. Él podía haber ayudado a apagar muchos fuegos durante estos años. Pero ella no estaba allí para hacer juicios morales sobre las profesiones de otras personas.
Dirigiendo la atención de Dennis de vuelta al incendio, preguntó:
—¿Está tu padre ahí abajo ahora mismo?
—No, se retiró hace pocos años. Pero mi hermano lo está. Bueno, mi hermano adoptivo, de todas formas.
Paula se quedó sin respiración y se encontró a sí misma tosiendo. Había estado planeando contactar con el hijo de Jose, Dennis Kellerman, un poco más tarde esa mañana. En cambio, había tenido suerte y él se había ofrecido en bandeja. Mejor aún, él no tenía ni idea de quién era ella, y parecía tener una boca muy grande. La clave era mantenerlo hablando tanto como pudiera.
—¿Estás bien? —preguntó él.
Ella tragó saliva con fuerza.
—Estoy bien. Lamento esto. De todas formas, creo que estabas diciéndome que tu hermano adoptivo está allí abajo. ¿Estará bien?
Se encogió de hombros.
—Por supuesto, él estará bien. Pedro conoce su camino alrededor del fuego mejor que casi todo el mundo.
Paula intentó por todos los medios no traicionar ningún reconocimiento ante el nombre de Pedro. Ahora mismo lo más importante era seguir haciendo pequeñas preguntas inocentes y averiguar tanto como fuera posible sobre su sospechoso.
—¿A qué te refieres?
—Él se mudó con nosotros cuando tenía diecisiete años.
Caramba, la gente no lo conocería ahora, hace muchas cosas buenas, pero entonces era un tipo duro.
Dennis estaba equivocado. Pedro todavía era un tipo duro, en letras mayúsculas. Cualquier mujer podía verlo.
Especialmente ella. El hecho de que hiciera buenas acciones diariamente sólo lo hacía más ardiente. Su respiración se detuvo cuando se encontró a si misma haciéndolo de nuevo.
Permitiéndose idealizar a Pedro sólo porque era atractivo y sus besos la hacían arder de necesidad.
Dennis continuó diciendo:
—Era un poco pirómano cuando vino a vivir con nosotros. Solía encender fuegos todo el tiempo. Probablemente es por eso por lo que es tan bueno apagándolos.
Dios santo, eso era lo que Pedro había estado escondiéndole.
Su pasado incendiario.
Paula estaba tan asombrada que apenas podía mantener la conversación.
—¿Y le dejan trabajar en una unidad de elite con semejante pasado?
Dennis resopló.
—De ninguna manera. Nadie sabe sobre su pasado. Nadie excepto mi padre y yo. —Le lanzó una mirada—: Y ahora tú. Pero, ¿qué demonios te importa algo que hizo un bombero cualquiera hace un trillón de años? No se lo digas a nadie, de acuerdo —bromeó— no querría meter al bastardo en problemas.
Fabricó otra sonrisa, incluso cuando se le ocurrió que pese a que Pedro se había mudado con Jose cuando era un adolescente, y que ellos eran prácticamente hermanos, basado en todo lo que Dennis le había dicho, obviamente él no sabía que Pedro era sospechoso en el incendio forestal del Desierto de Desolation. Los dos hombres no debían estar lo bastante unidos como para que Pedro lo llamara y le confiara sus problemas. Paula hizo una nota mental para averiguar por qué.
Pero Dennis no había terminado de contar su parte todavía.
—La mayoría de las chicas que conozco adoran a los bomberos. ¿Tú también?
Hizo una pausa para hacer como si lo estuviera pensando.
—Supongo.
Él bufó de nuevo.
—Si las mujeres tuvieran alguna idea sobre cuántos traseros consiguen esos tipos se lo pensarían dos veces antes de desear meterse en la cama con ellos —pareció darse cuenta de lo que estaba diciendo demasiado tarde—. Lo siento, no quería ser grosero. Normalmente no realizo vuelos de madrugada, pero estuve de vacaciones toda la semana pasada y estoy compensando horas.
Ella ondeó su mano hacia él y le dijo:
—No te preocupes por eso. —Aunque la verdad era que nunca se había sentido más humillada.
Una parte tonta y estúpida de ella había querido pensar que la conexión que había sentido con Pedro durante sus quince minutos en el bar, incluso la noche anterior cuando la había besado, significaban algo. Pero ahora que Dennis había confirmado que ella era una más de muchas, era hora de enfrentarse a la verdad. Incluso mientras continuaba tambaleándose ante su descubrimiento sobre la piromanía de Pedro, tenía que aceptar que no había conexión entre ellos. Y nunca la habría.
Un momento después, llegaron al fuego. Cuando miró a través del nítido cristal de la base del helicóptero se quedó sin aliento.
—Dios mío, toda la cordillera está ardiendo.
Dennis señaló justo al este de la cordillera.
—Fíjate allá. Esos vecindarios están a punto de calcinarse.
Contuvo una maldición. El equipo de HotShot había hecho un trabajo increíble de defensa, pero no podían mantener la ofensiva eternamente. Las casas comenzarían a arder hoy.
Una a una, gente inocente lo perdería todo. Todas sus fotografías. Los regalos que les habían dado. Los recuerdos que habían guardado por motivos sentimentales.
La sensación de violación que había sentido la noche anterior al perder una maleta y el ordenador no era nada comparado con lo que esa gente estaba a punto de pasar.
Todo lo que podían hacer era reunir a sus hijos, perros y gatos y largarse, sólo para observar sus casas arder en las noticias.
—No tenía ni idea de que era tan malo —dijo Dennis—. Definitivamente tengo que regresar. Estoy seguro que me llamarán en cualquier momento para ayudar con cargamentos de agua. Lamento acortar tu viaje. Hablaré con mi jefe para asegurarme que no te cobre por el viaje.
Ella asintió comprensivamente, pero necesitaba averiguar un par de cosas más antes de que regresaran.
—Antes de que volvamos, ¿puedes decirme mirando las llamas donde podrían haberse originado?
Ella ya lo sabía, por el obvio patrón en forma de V en la ladera, y una vez que fuera seguro entrar en el terreno, se dirigiría a las colinas para obtener la información que necesitaría para completar el informe. Pero ahora mismo quería oír lo que Dennis tenía que decir sobre ello, para ver si tenía suerte de nuevo y accidentalmente le revelaba algo más.
Dennis estudió el terreno.
—Habría sido más fácil decírtelo ayer antes que se descontrolara, pero mi primera suposición sería justo allí. Es bastante difícil ver a través del humo —continuó— pero vuelo sobre estas montañas cada día, así que pudo decir lo que está diferente.
Ella sacó un mapa topográfico.
—¿Podrías señalar ese lugar en mi mapa?
—¿En serio? —preguntó, frunciendo el ceño mientras la miraba más cuidadosamente— ¿por qué querrías saber esto?
Quizás había sido una buena cosa que no tuviera un traje limpio para ponerse esta mañana. No había forma que él imaginara que ella era una investigadora de incendios provocados en su traje de turista. No hasta que se lo dijera de todos modos.
—Para mi álbum de recortes.
—Lo que sea —dijo mientras se movía en su asiento para señalar una sección del mapa, y ella obtuvo un fuerte olor a gasolina en sus dedos.
Se volvió para mirarlo más cuidadosamente, estudiando las líneas simples de su cuerpo, el descuidado modo en que sus manos descansaban sobre el volante y la caja de cambios.
Su conversación con Albert colgaba pesadamente en su mente. No podía confiar en nadie. No importaba lo fidedignos que parecieran, no importaba lo inocentes que lucieran.
¿Era posible que Dennis supiera quién era ella todo el tiempo y estuviera simplemente alimentándola con información sobre Pedro para sacarla de rumbo?
Y entonces, mientras ella doblaba el mapa y lo metía en su bolso, él dijo:
—Me alegra no haber realizado esa excursión de senderismo la semana pasada con Pedro y mi padre. De otra forma, probablemente tendríamos a un investigador de incendios provocados en nuestro culo ahora mismo. Especialmente ya que parece que esas casas se van a quemar.
Ella utilizó un momento extra trabajando en el broche de bronce que mantenía cerrado su bolso, contenta de tener algo que hacer con sus manos para no revelar accidentalmente su intenso interés.
—Buena idea suspender el viaje —estuvo de acuerdo— ¿por qué no fueron? —dijo ella en un tono amistoso e improvisado que estaba totalmente en desacuerdo con el significado de su respuesta.
—Mi padre no estaba preparado —dijo mientras los giraba y dirigía de regreso al lago— y yo tenía otras cosas de las que ocuparme.
Ocupada digiriendo todo lo que Dennis le había dicho durante su iluminado vuelo, Paula miró a través de la amplia extensión de agua azul y se quedó momentáneamente sorprendida por la belleza que la rodeaba. Incluso con la muerte de su hermano inexorablemente conectada a Lago Tahoe, no podía ignorar la magnificencia de la naturaleza en todo su esplendor.
—Gracias por el viaje —dijo, sabiendo que no podía mantenerlo en la oscuridad por mucho tiempo. Tan pronto como aterrizaran y él desbloqueara las puertas le diría exactamente quién era ella, porqué estaba en Lago Tahoe, y que volvería a contactar con él con más preguntas en un futuro muy cercano.
Sin duda, Dennis estaría sorprendido. Especialmente considerando todo lo que le había contado.
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